lunes, 10 de noviembre de 2008

Nunca digas nunca jamás...


Lo único que no se permite en la moda es decir "Nunca jamás" porque no sabes cuando te vas a poder arrepentir. Que tire la primera piedra el que juró que nunca llevaría pantalones de campana, que las gafas de aviador eran para viejos o que los cinturones sólo servían para sujetar... Años más tarde todos acabamos retractandonos de nuestros propios juramentos. Hasta los estilismos más imposibles acaban conquistando las calles de medio mundo si un diseñador se lo propone...
Los más alternativos, que se consideran tan creativos e indepedientes, suelen ser los primeros en caer. Más tarde la high society que ven la moda como una forma de distinción social sin caer en la cuenta que acaban siendo esclavos de Karl Lagerfeld, John Galliano o Valentino. Y finalmente lo hace la masa. El momento de mayor orgullo para cualquier diseñador, cuando se ven compensados todos sus esfuerzos por sonvertirse en un líder de opinión no es tras un desfile en Paris o tras la apertura de una nueva tienda en Londres ni siquiera cuando es galardonado por el CFDA (los considerados Óscar de la moda); el mayor reconocimiento es cuando una de sus propuestas es copiada hasta la saciedad por las grandes cadenas de distribucción. Cuando la pescadera del barrio decide comprarse unas botas de flecos en Zara porque son muy cómodas y calentitas y además lo lleva todo el mundo en el barrio... ¿Será conciente la pescatera que ha sido manipula que Kate Moss decidió calzarselas para ir al festival de Glastonbury yno se las quitó en todo el verano?

Por lo menos muchas (que se creen más listas) han caído antes. En los últimos desfiles se pronían: altísimas hombreras, mezcla de estampados de cuadros, combinar el azul con el negro... ¡Qué horror!, pensareis. Pero, ¿podeis asegurarme que nunca jamás caereis?

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