miércoles, 22 de octubre de 2008

Una crisis de Lujo



La crisis no afecta a todos por igual, pero es que algunos ni se resienten. El lujo permanece inmutable, es más crece a un ritmo superior a otros periodos de mayor bonanza para el resto de los mortales atados a una hipoteca. Aunque tampoco es de extraña si se tiene en cuenta que según un estudio de Cap Gemini la riqueza mundial –medida por el número de personas con una patrimonio personal, excluyendo las obras de arte y el hogar, superior a un millón de dólares– creció un 9,4% en 2007, y se prevé que siga aumentando.

Nunca hubo un periodo con tantos consumidores de lujo, compradores habituales de las boutiques más selectas que mantienen su ritmo de compra protegiéndose de la crisis con bufandas de cashemere.
Es el caso de la clientela de Hermès a los que no les tiembla el pulso al pagar 2000 euros por un pañuelo de serie limitada o 6000 por un bolso Birkin, para el por cierto además hay que ponerse en una lista de varios meses de espera. La firma capitaneada por el diseñadorJean Paul Gaultier, que ostenta el orgulloso título de ser la más cara dentro las caras, aumentó sus ingresos un 5,3% en el primer semestre del año respecto al mismo periodo del año anterior, con unas ganancias netas de 134,9 millones de euros. Quien lleva un Birkin colgado del brazo no busca ofertas, reclama exclusividad e individualidad y lo paga sin importarle la cifra de la etiqueta. La etapa de estancamiento que actualmente sufren las economías occidentales no impide que esta industria se encuentre en su momento más boyante. La expansión de las grandes economías emergentes y las productoras de petróleo producen un apreciable número de ricos, la nueva clientela del lujo. Firmas como Chanel o Dior son conscientes de ellos y no dudan en mimarlos como se merecen. China o Rusia ya no son un mercado con el que coquetear, se han convertido en la piedra angular de sus planes estratégicos. Es por ello que Louis Vuitton ya cuenta con 18 tiendas en China, Hermes hace un 40% de sus ventas en Asia y cada vez son más habituales las conversaciones en ruso o chino por la rue Saint Honoré o por Bond Street –las millas de oro parisina y londinense–. De hecho según un estudio publicado por Goldman Sachs se espera que en 2015 el gigante asiático desplace a Japón en la primera posición del podio de consumidores de lujo.
El lujo esta en auge, pero no sólo en la moda o la joyería. El sector automovilístico, una vez más demuestra que la exclusividad no entiende de recesiones. Porsche es la empresa automotriz más rentable del mundo con ganancias de más de seis mil millones de dólares, de hecho ni siquiera se toman la molestia de publicitarse. Aunque la tendencia ha cambiado para muchos fabricantes, Estados Unidos, antaño el principal comprador ha pasado a desempañar una posición secundaria en el dinamismo de la demanda. Su progreso es mucho menor que en el las economías emergentes o el Golfo Pérsico. Por ejemplo Ferrari, líder en la venta de coches de lujo en Estados unidos, ha visto como en el último año sus ventas han aumentado mundialmente un 14%, con 6400 modelos disponibles, pero entre EEUU y Europa no consiguieron aumentar ni un 8%. Fue la región de Asia–Pacífico la que experimentó el mayor crecimiento de ventas con un 50% seguida de Medio Oriente con un crecimiento del 32%. Por otra parte Rolls Royce superó por primera vez la cifra de mil unidades anuales con un crecimiento mundial en el último periodo del 25%. Parece que la apuesta ganadora en momentos de recesión es vender singularidad y apostar por una oferta bien diferenciada por su exclusividad.

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